Conviviendo con la rutina

Conviviendo con la rutina

El día a día de cualquier persona normal y corriente se compone de pequeñas y grandes rutinas.

• Cuando nos levantamos de la cama, nos aseamos, desayunamos y cogemos el medio de transporte que nos llevará al trabajo. Siempre sobre una misma hora que nos garantizará llegar a tiempo.

• Cuando nos predisponemos a trabajar. Unos se tomarán un café, otros mirarán las redes sociales o una página web en concreto, otros echarán un pitillo con los compañeros,…

• Cuando iniciamos la jornada laboral. A una hora determinada reunión de departamento, a tal otra con clientes, en otro momento trabajo de campo,…

Y una vez ya fuera del ámbito laboral también tendremos otras rutinas y costumbres.

• Sacar al perro, ir al gimnasio, ir al bar del barrio y encontrarnos con los compadres del lugar, hacer compras puntuales,…

Sobrellevando la rutina

Si bien hay personas que por la flexibilidad de sus trabajos, o determinada situación económica pueden escapar con mayor facilidad de los grandes momentos rutinarios de su existencia, lo cierto es que todo el mundo tiende a hacer cosas parecidas día tras día, cual Sísifos modernos.

Sin embargo, todos tenemos nuestro momento. O por lo menos, deberíamos tenerlo.

Consiste en dedicarnos a nosotros mismos un espacio de tiempo en el que hagamos algo que nos guste y nos haga disfrutar. De esta forma, nos distraemos y liberamos nuestra mente del posible estrés cotidiano.

A mayor cantidad de momentos placenteros que sepamos gozar en nuestro día a día, mayor plenitud sentiremos en nuestra vida.

Pequeños grandes momentos

• Un café a mitad de mañana y rápido vistazo a la prensa del día.

• Escuchar tu música favorita mientras trabajas.

• Un paseo después de comer por las cercanías del lugar donde está ubicado el trabajo.

• La lectura de un libro en el camino de vuelta a casa en el transporte público,…

Las posibilidades son muchas y variadas en función de los gustos de la persona.

Recargando las pilas de la semana: el fin de semana

A pesar de los momentos de evasión puntuales que podamos tener durante la semana laboral, lo cierto es que no son lo suficientemente importantes como para que nuestra mente y cuerpo descanse.

De conseguir esto se ocupa el FIN DE SEMANA.

Es el momento de disfrutar del tiempo de ocio, de relacionarnos con la familia, los amigos, de hacer deporte o cualquier otra actividad que por falta de tiempo no hayamos podido hacer durante la semana (compra semanal, limpieza de la casa,…), y por qué no no hacer absolutamente NADA.

Y es que en la era de la infoxicación y la necesidad de vivir experiencias para aprovechar el tiempo libre al máximo posible otra opción tan válida como cualquier otra sea el minusvalorado holgazaneo, o nesting, para los más cool.

Porque a veces hay que parar para poder seguir.

Escapando de la rutina: las vacaciones

El momento más esperado por todos y el que en gran medida nos permite escapar de la dictadura del día a día y… del reloj.

El reloj maneja nuestras vidas y planifica nuestros quehaceres diarios. Sin duda, simboliza nuestras cadenas al mundo de lo cotidiano (aunque en los últimos tiempos también el móvil)

Cualquiera que sea lo que vayas a hacer en tus vacaciones si sabes que en cualquier momento te puedes liberar de él, psicológicamente te beneficiará.

El límite, siendo consciente de la idiosincrasia de cada uno: tu imaginación.

Y tener muy presente que muchas veces matar el tiempo, es vivirlo.

Me despido ya, esperando que te haya gustado este post y que si algo te ha llamado la atención no dudes en expresar tu parecer en los comentarios de este blog.

¡Hasta la próxima Tira de Dibujos!

2 Comentarios

  1. Mariola

    Interesante reflexión Miguel , como siempre 😉
    Y aunque parezca banal me parece un tema que puede dar mucho juego entre amigos. Por ejemplo preguntarte : cuál de tus rutinas es la que más te aburre ?
    A mí lo que más me aburre (y aún así me veo en un ciclo interminable sin parar) es poner lavadoras.
    Me veo poniendo lavadoras a todas horas cualquier día de la semana. Y el caso es que encima se me acumulan. Cómo lo consigo ? Pues ni idea porque tampoco es que me ponga tantos modelitos. Pero la ropa llega ahí y se acumula y llegan sábanas y toallas y hasta ropa de Rocco , mi perro (aunque esa es otra historia).

    Pero me quedo con tu idea de que tras una rutina también puede haber un momento de disfrutar de algo. Creo que lo mejor es verle el lado de disfrute a cualquier rutina y seguro que se lleva mejor.
    Ahora me toca aplicarlo a mis lavadoras …

    1. Miguel Carmona (Publicaciones Autor)

      Jajaja, Mariola, sin duda, poner lavadoras, tender la ropa y plancharla son algunos de los momentos álgidos de la rutina de cualquier persona.
      Es un rollo hacerlo para uno mismo, luego ¡qué decir cuando lo haces también para otros componentes de la familia!… por lo menos Rocco, tu perro, utiliza ropa pequeña 🙂

      En mi caso personal la rutina que más me aburre es limpiar la casa. Quitar el polvo, barrer, fregar suelos, baños,… Y si además la casa tiene trastos de por medio, la cosa se complica.

      Pero como comento en el blog no hay nada como aliviar la carga con algo de disfrute. En este caso, me pongo la radio o algún podcast que me permita escuchar algo entretenido mientras hago mis labores.

      Mano de santo, Mariola! Incluso en algún momento lo he echado de menos cuando no he tenido que hacerlo… bueno… casi 😉

      ¡Muchas gracias por tu colaboración, mi querida amiga!

      Un abrazo

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